Diputado Asseff: “DECLARACION DE LA CONVENCION NACIONAL DE UNIR”

DECLARACION DE LA CONVENCION NACIONAL DE UNIR

UNIR RESPALDA MEJORES Y MÁS CAMBIOS PARA UNA ARGENTINA JUSTA,  MODERNA y PRÓSPERA

ES HORA DE LA BUENA POLITICA,  NI NUEVA NI VIEJA,  BUENA.

UNIR es un partido nacional independiente,  definitivamente alineado en el cambio y las reformas. Décadas de decadencia con el sistema de políticas públicas abundantes, un Estado gigantesco e inútilmente administrado  y una corrupción devastadora  no pueden continuar. Si seguimos haciendo lo mismo, tendremos iguales o cada vez peores resultados. El disconformismo de los argentinos es vasto, como inmensos deben ser los cambios. La Argentina se ha vuelto arcaica no únicamente en su atrasada infraestructura y tecnología y su burocracia, sino esencialmente en sus ideas.

La Argentina necesita que impere la justicia,  la igualdad de oportunidades y la añorada movilidad social. Y es hora de retomar el gran objetivo de la grandeza nacional que no solo será para nosotros sino que la ofrendaremos como una opción para toda nuestra América.

La Nación que dio a San Martin y Belgrano, a Houssay, Milstein y Leloir, a Borges y Cortázar, a Favaloro y al cura Brochero, a Fangio, a millones de nativos e inmigrantes que hace un siglo forjaron el país promesa mundial, que levantó la primera fábrica de aviones del hemisferio sur del planeta, inaugurada por el presidente Alvear, y que avanzó con el dominio completo de la tecnología nuclear desde su inicio en 1952, no puede reducirse hoy a una comarca de pobres y de millones de ciudadanos escaldados por la decadencia e incertidumbre que sufre su tierra natal.

Este tiempo de complejidades, conflictos, dudas, en una palabra de crisis, es una enorme oportunidad. Los pueblos como los individuos se forjan en la dificultad. Hoy contienden la realidad injusta y frustrante con el gran desafío de hacer algo mejor y más profundo que meramente administrar el decaimiento nacional, el declive moral y material del país.

En el último cuarto de siglo se quintuplicaron las villas Miseria hasta llegar al patéticamente escandaloso número de 4100, con 5,6 millones de niños pobres, siete homicidios por día y más de ocho mil muertos en mal llamados accidentes viales. El 50% de los alumnos no completa la secundaria y el 65% tiene graves déficits en lengua y matemática, con un ausentismo docente que supera al de la escuela privada. 715.000 niños trabajan en la Argentina mientras ya hay 67 anotados para el cargo de Defensor del Niño, aunque sin haber presentado siquiera un boceto sobre como encararán este flagelo. Solo unas pocas, pero alarmantes y decadentes estadísticas. Así no podemos continuar.

Hay conceptos clave que no podemos eludir. Dos de ellos son productividad y competitividad. Que produzcamos y brindemos servicios usando menos tiempo e insumos logrando más bienes  y de mejor calidad no implica más esfuerzo humano, sino más sabiduría, afinado método y técnica en el empleo de los recursos. Por supuesto que también exige que en vez de crear veinte empleos donde se necesitan diez, racionalicemos el punto de modo que propendamos a generar el triple de trabajo que tenemos hoy. El despilfarro nos impedirá progresar. El saldo de la racionalización debe ser tener más trabajo y producir a menor costo, beneficiando al consumidor interno y abriendo el horizonte exportador. Obviamente debemos modernizar nuestra infraestructura en todos los planos y adoptar el sistema multimodal de transporte con preeminencia del ferrocarril y la vía fluvial y marítima. Hoy ya convivimos y desde añares con la precarización laboral. Los cuatro millones y medio de trabajadores en negro son la más flagrante precarización, el más ominoso trabajo basura.  La batalla por la registración del trabajo significa el combate por la dignidad y además por el saneamiento de nuestra organización económica y previsional. En este plano, como en todos, la buena y realista gestión debe torcerle el brazo a los prejuicios que son veneno en estado puro. O nos despojamos de arraigados prejuicios o el atraso le ganará al progreso.

La capacitación para el trabajo debe estar al tope del orden del día en el país. Todos los asistidos se entrenarán para trabajar y ello hará de la ayuda social una mera transición hacia la vida digna del trabajo. Hoy estamos lejos del presente y  remotamente distantes del futuro del trabajo. El 70% de lo que estudian nuestros muchachos no sirve para el trabajo que van a desempeñar. Por eso la capacitación debe ser la pieza angular de la modernización argentina y tiene que ser permanente.

La sinergia público privada será la base para la organización de la economía nacional. Políticas públicas lúcidas inspiradas en el bien común  e iniciativa privada alentada, con emprendedores que asuman riesgos, pero con el temple y vocación por crear riqueza y trabajo genuinos. Concertar a ambas encierra una de las llaves de la prosperidad. Se acabó el falso dilema Estado vs Privados. Es Estado más privados. El país bendice, o debe hacerlo,  a la creatividad, la innovación, la investigación, la iniciativa, el emprendedurismo, la inversión, la inventiva, el conocimiento, la búsqueda de nuevas fronteras, el ansia de siempre ir por más. Obviamente, en el marco de la ley y del respeto por el otro.

Gran parte de la política argentina tiene todo un pasado por delante. Lleva a cuestas arcaísmos y fracasos. Nosotros resueltamente, en contraste, nos alistamos entre los que queremos, buscamos, laboramos y anhelamos un futuro. Para eso hay que reformar y cambiar y hacerlo esmeradamente bien. Hay que forjar la buena política, lo más alejada de los vicios de la mala que hemos padecido que seamos capaces de obtener con nuestra participación organizada.

El país debe modernizarse. Desde su administración estatal hasta la última Pyme, pasando por el sistema educativo, el de salud, el de justicia, el político, la infraestructura vial, portuaria, energética, de  transporte. Todo necesita un bisturí manejado con pericia y suma fineza. Empero, ya no hay más resquicio para seguir tirando, improvisando o emparchando. Es ineludible una estrategia poblacional que busque y logre una equilibrada distribución de la población en el territorio nacional. Ya no puede demorarse más la plena integración a la nación de sus espacioso, anchuroso y pletórico de recursos que es el Mar Argentino que nos ha reconocido el mundo entero a través de la Convención del Mar. Hoy dotar de móviles a las policías de todo el país es altamente prioritario, al igual que proveer de patrulleros oceánicos a nuestra Prefectura Marítima.

El pensamiento estratégico o, en rigor, la Argentina pensante debe ser convocada no para ponerse la camiseta de un partido, sino para ayudar a delinear y trazar los caminos hacia la Argentina moderna en lo contemporáneo y la Argentina poderosa, vivible, confiable, prestigiosa del futuro. Esa pléyade de pensadores nos tienen que ayudar ya mismo a elaborar las políticas de largo plazo sobre cómo afrontar la robotización del trabajo, cómo crear más empleos que los que la tecnología destruye, cómo potenciar nuestras ventajas, cómo agregar valor y creatividad a nuestra labor cotidiana, cómo hacer de un país culturalmente facilista otro lleno de vocación por el trabajo, premiando el mérito y el esfuerzo, cómo ganarle al cambio climático, cómo producir y enriquecernos  sustentablemente, es decir sin hacer de nuestra tierra un desierto. También nos deben auxiliar para que la Argentina pueda disponer de una clase dirigente comprometida con el bien común de verdad, que no quiera oro en vida sino bronce para después, cuando ya no estén en este mundo. Es el momento para crear la Escuela Nacional de Administración, el futuro Balseiro de la política y de la dirigencia en general. Y el pensamiento debe contribuir para reentronizar la cultura de la ley desterrando la trampa. O somos definitivamente amigos de la ley o nuestro destino común será sombrío. Y también la apuesta por el acuerdo relegando a las intransigencias malignas para el progreso nacional.

Ya ha madurado el escenario como para que zanjemos las falsas disyuntivas y nos acoplemos todos en una sola y gran apuesta por el porvenir. No se trata de destruir a los ricos que ganaron sus bienes produciendo y trabajando, sino de abrir las compuertas de la prosperidad para cada vez más millones de argentinos. Llega el tiempo del capitalismo social, progresista y democrático.  En lugar de distribuir cada vez menos bienes, sembrando de pobres a una tierra llena de recursos humanos y materiales, crear y distribuir bienestar y prosperidad. Para que sea realidad la prioridad de la buena mesa de los argentinos y su casa propia y todo lo que debe tener cada familia de nuestro país, tenemos que forjar una economía solida con equilibrios macros que conquiste el mercado latinoamericano, africano y asiático no solo con productos primarios sino con  tecnología como es el caso de nuestra irrefutable aptitud para desarrollar la agricultura y la ganadería y construir maquinaria para esos menesteres, sin omitir nuestras capacidades en la investigación y la ciencia, campo en el que hay bastante para racionalizar y mucho para desplegar a caballo de la proverbial creatividad que siempre ha demostrado nuestro país.

El diálogo es bueno y los acuerdos y consensos también. Pero deben ser genuinos y no configurar una suerte de neo relato. UNIR ha comprobado que es mucho más lo que habla de diálogo que lo que se lo practica. No debemos tolerar que en esto, como en cualquier otro asunto común, se engañe al pueblo.

Nuestro país debe recuperar su educación, reordenar su sistema de salud, mejorar sustancialmente la administración de justicia, disminuir la carga impositiva combatiendo la evasión y la elusión, armonizar la distribución de la población en el territorio, modernizar su infraestructura, erradicar el trabajo no registrado y así darle sustentabilidad a la previsión social. Y mucho más. Y asimismo, debe conducir su gobierno con el auxilio de la geopolítica, gran guía orientadora de la gestión. En este plano, es fundamental que mejoremos la articulación de toda nuestra Región Latinoamericana, desde el Mercosur al Pacífico.

En resumen, UNIR esta pronto para ser parte de una concertación a favor del cambio que solo se plasmara si impera decididamente la buena política. En esa faena estamos y allí siempre nos encontraran con la mejor y mayor buena voluntad.

Debemos hacer descender drásticamente todos los delitos, desde el femicidio hasta los cometidos en el tránsito automotor. No es resorte solo del  Código Penal, pues se trata de fenómenos sociológicos y culturales y de problemáticas polivalentes. Empero, la impunidad fogonea al delito y por eso es insoslayable el rol de la Justicia Penal.

En la línea contracultural en la que el país debe movilizarse en la ruta del cambio se encuentra un asunto central, el orden. No hay progreso sin orden. Orden no es represión sino que cada uno y cada cosa esté en su sitio. Si un argentino va a trabajar, estudiar o pasear debe poder cumplir su objetivo sin nada que se le interponga salvo causa mayor o hecho fortuito. La Justicia es la pieza esencial para que se reponga el orden en el espacio público  pues si actúa con eficacia y celeridad nadie necesitara visibilizar su reclamo haciendo justicia por propia mano.

Es evidente que debemos emprender muchas marchas contraculturales. Si hoy nos rige la anomia del acomodo, deberemos retornar a la norma  del esfuerzo y el mérito. Si hoy se puede vivir mejor sin trabajar, pues deberemos regresar a la cultura del trabajo y a la dignidad que provee. Ni un ñoqui más en la Argentina del cambio.

La democracia argentina debe ser cada vez más republicana. Por eso necesitamos reformas institucionales, políticas y electorales. Si el voto electrónico atemoriza a raíz de los antecedentes de fraudes que tenemos en nuestro débito, pues adoptemos ya mismo la boleta única papel provista por el Estrado. Será insustraíble y antifraude por antonomasia. El reinado punteril en los comicios de los suburbios quedará acotado, al igual que sus tramposas formas. Así como el Congreso Nacional hace más de quince anos que no puede otorgar pensiones discrecionales, estos beneficios deberán ser concedidos por un ente autónomo y profesional dentro de la órbita del ministerio de Desarrollo Social. Quienes lo necesiten tendrán esa asistencia, pero sólo ellos. No admitiremos más usos electoralistas y clientelares de la ayuda social.

En síntesis, UNIR tiene una ensoñación  que no es una utopía, el de ayudar a tener en 2025 un país encaminado, sin inflación, con capitales argentinos que vuelven y se invierten y con los nuevos que no se fugan, con igualdad de oportunidades, con armonía social, con una educación que forma en ciudadanía y capacita para el futuro del trabajo, con una salud que cubre a todos, con una Justicia rápida y certera, con una política desprendida de ideologismos atrasados, con mucha pericia para la gestión y con necesidades básicas satisfechas para los próximos 50 millones de argentinos. Todo esto en el marco de un país grande y próspero que le da una mano a toda la América Latina afirmando un destino común con proyección planetaria.

UNIR no abdica de su postura de amor a lo nuestro, de defensa de los intereses nacionales, de darle primacía a nuestra patria. No renuncia a sostener al nacionalismo moderno que es abierto, plural, amor y no odio. Es más fácil integrarse al mundo portando una fuerte identidad que hacerlo a partir de una nación que no tiene norte o que sobrevive desorientada y sin metas superiores. A años luz del prejuicio de que el nacionalismo moderno y republicano es cavernario o un fósil. Es el nacionalismo  que tiene el mundo entero y que no debe confundirse con el aldeanismo de paisanos que pretenden fraccionar aún más el mapa político del planeta o del extremismo que causa desolación y muerte. Por eso no desecha su antiguo nombre de Nacionalista Constitucional, que es la articulación de patriotismo y ley, pues lo mantiene como lema partidario. Pero desde hoy para adelante somos el partido UNIR, toda una señal del país fuerte y unido que anhelamos y la buena política que ayudamos a construir.

En esta redoblada apuesta de UNIR por el destino de grandeza de nuestro país rechazamos al extremismo mapuche que disfrazado de reivindicación indígena legítima amenaza a la unidad y la paz de la Argentina. Con ese embrión de veneno de guerra interna deberemos ser inflexibles, con la ley en la mano y con un poder judicial que obre con celeridad y firmeza.

La grandeza nacional es la única garantía de justicia social y de prosperidad para el pueblo argentino. Esa grandeza se proyectará aún más si somos capaces de consolidar el proceso de integración del sur americano.

Ciudad de Buenos Aires, 18 de noviembre de 2017.

 

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